Hoy 3 de octubre del 2010, me levante pensando en la persona que me quiere y me cuida. Después prendí mi televisor y en ese momento, ocurrió algo que nunca esperé; eso me hizo pensar en el ¿Y Ahora Qué?.
Entonces me vino a la mente todos los planes que teníamos mi familia y mi novio, en el dia a día que habíamos planeado. Pero volví mi cara al televisor para poder poner más atención a lo que estaban diciendo.
En el momento en que escuchaba estas tontas y absurdas leyes, me preguntaba ¿Qué voy hacer con mi familia?, si nos quedamos ¿Qué nos puede pasar? ¿Podríamos morir?, no sabía salir corriendo, guardar la calma o simplemente quedarme en shock.
Pero que pasaba, que podría morir poder el simple hecho de no ser “pura” como ellos decían. En ese momento mí madre entro a mi recámara llorando y desesperada diciendo: ¡hija¡ ¿que vamos hacer?, tenemos que irnos, sino podemos morir; yo la tranquilicé un poco pero se quedó aún más tranquila, cuando mi padre hablo por teléfono y dijo nos saliéramos de la casa, que empaquetáramos lo más importante y nos fuéramos a la estación de autobuses TAPO (Transportes de Autobuses Públicos del Oriente). Pero yo no me podía ir sin saber que era lo que estaba pasando con mi novio, aunque yo sabia que a él no le podían hacer nada, porque al contrario de mí, él sí era “puro”.
Salí a escondidas de mi casa para poder verlo y saber si iba a estar bien, cuando llegué a su casa, su abuelita me recibió, pero se mostraba distante; en ese momento apareció él y dijo que me amaba, que no podía vivir sin mí, pero también dijo que me tenía que ír y salvar la vida de mi familia, principalmente la mía. Juró que después de que pasara todo esto, volveríamos a estar juntos para siempre y que nada ni nadie nos separaría, él me dio esa fortaleza que me necesitaba para no vencerme ante nada, al final nos despedimos con un gran beso que hubiera deseado que durara para siempre.
Al llega a mi casa, todos ya estaban listos y nos subimos al auto, para poder llegar a la TAPO porque si salíamos de la ciudad en el auto, nos podían detener los militares que estaban vigilando las casetas de cobro, además de estar realizando retenes por todos lados.
Como a la 19 hrs estábamos subiendo al autobús, íbamos a un destino que mis padres se guerdaron muy bien.
Yo me negaba a cuestionar a mis padres, yo seguía muy confundida. pero mis hermanos de 11 años y 6 años respectivamente, me hacían muchas preguntas a las cuales no contestaba y decía que les preguntaran a mis padres. Al rato los tres nos quedamos profundamente dormidos.